domingo, 24 de abril de 2011

La escala bíblica de la ascensión a los cielos


Dicen las escrituras hindúes y budistas que la columna vertebral es el eje de la Tierra, con el Monte Meru al Norte y el Potala al Sur. Este llamado 'Templo del Alma' se convierte en el Templo de Salomón cuando el fuego oculto de la Diosa Kundalini se eleva sutilmente afectando a las 33 vértebras de la columna que 'resplandecen como el sol por 33 años'. Y Jesús afirma que 'levantará de nuevo el templo en tres días' después de su muerte (por Crucifixión a los 33 años, la cuarta Iniciación, equivalente a los 33 grados iniciáticos en las Ordenes Ocultas). En su parte inferior la columna vertebral sustenta el fuego sagrado o 'infernal' del sexo, mientras que en lo alto sostiene la perfecta esfera del cielo en el cerebro.

La región cervical está en relación con los siete planetas (Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y Luna), y el hueso Atlas sostiene el universo; la región dorsal está relacionada con los doce signos del Zodíaco, la región lumbar con los cinco elementos y la región sacra está regida por Escorpio (donde descansa Kundalini). En lo alto el cerebro está rodeado de los 22 huesos del cráneo (14 frontales y 8 posteriores), y de ellos dice la Quaballah: 'el Señor dispuso las 22 letras hebreas en forma de muralla'.

En el cerebro los seis lóbulos de cada hemisferio (las 'doce luces' o 'moradas') que se unen en el Cuerpo Calloso (el trono del Señor). La zona frontal es la parte objetiva y voluntaria, y el cerebelo la parte inconsciente del sistema extrapiramidal y otros. Los doce centros son la Corona de Espinas de Jesús (por el sufrimiento que producen cuando se ilumina el centro coronario, que otorga poderes espirituales después de la segunda 'noche oscura'). Se dice que los doce discípulos (o luces) 'reciben al Cristo con sus puertas y ventanas cerradas' en el interior del Tercer Ventrículo, que se llama 'la Gloria del Sakinath' o la Divina Presencia.

En este cerebro, que ha de volverse telepáticamente sensible al mundo de las almas, conviven tres glándulas (pineal, pituitaria y carótida) que forman el 'triángulo de fuego', un transmisor de pura energía a través del centro Alta Mayor (equivalente a la proyección en la médula del centro Ajña Chakra), que está en comunicación energética y luminosa con Anahata chakra en el pecho. El mismo Ajña es el receptor de energías mentales o del alma, y el director de la Energía Espiritual. Por encima hay otros centros, todos ellos dependientes de la luz de Sahasrara, el centro coronario, que permite el descenso de las fuerzas del Espíritu sobre el Alma o psiquismo. Cuando Sahasrar (a través de Ajña) y Anahata se unen, el centro coxígeo (Muladhara) despierta y se revela la gran luz de la Iniciación.

Dice la historia oculta cabalística que el héroe Chiran es 'el fuego espiritual subiendo los 33 escalones de la espina dorsal y penetrando en la Cámara alta del Cielo' (cráneo), de donde pasó al trono de Isis (glándula pituitaria) para invocar al dios Ra (glándula pineal). Entonces 'la Palabra sagrada y secreta le fue revelada'. También Moisés, por su parte, sacó de Egipto (la mente apegada) a las doce tribus de Israel (facultades o luces en el cerebro), levantando la serpiente en el desierto (Kundalini irguiéndose desde la pelvis).

En América el Dios Salvador andrógino es Quetzalcoatl (Gukumatz, Kukulkán...), la Serpiente emplumada, y éste ha sido siempre el símbolo del Espíritu ascendente, designado también como 'Señor del Amanecer'. Y Asanga afirma que es necesario 'descubrir la serpiente de la ilusión con la ayuda de la Serpiente de la Sabiduría, y entonces la serpiente dormida ascenderá hacia el Lugar de Encuentro'.

De esta manera, y a través de los Centros etéricos, las frecuencias astrales, mentales y sobre todo espirituales llegan a la Conciencia, transformándonos en 'elegidos que están marcados en la frente' (Apocalipsis). Las siete Iglesias o etapas de evolución son los 7 planetas (estrellas), los 7 chakras, y las 7 iniciaciones (nacimiento, bautismo, transfiguración, crucifixión, resurrección, elevación y unión). Los cuatro Seres 'alrededor del Trono de Dios' son los Cuatro Señores del Karma: Miguel (Sol), Gabriel (Luna), Rafael (Mercurio) y Uriel (Venus). Los pétalos de los cinco primeros Centros suman 48 y los del sexto Ajña 96, en total 144 que es el símbolo de la Obra espiritual realizada: 'los 144.000 seres que serán salvados' (número simbólico para expresar el conjunto de los Hijos y Defensores de la Luz, aunque hoy en día resulta tan ridículo objetivamente que no alcanzaría ni al 0´0025% de la humanidad).

En esta perspectiva, no podemos olvidar el tema del poder interno de la sangre, denominado el 'calor del Alma', que alimenta pránicamente al cuerpo, a las emociones y a los pensamientos. Cuando la sangre se coagula se libera la sutil esencia vital y espiritual que lleva consigo. Éste es el sentido que se otorga al Grial de 'recuperar la sangre del Señor agonizante', recogida en la leyenda por José de Arimatea.

Recordemos también que el color rojo sangre es atribuído a Lucifer, el 'portador de la Luz', que perdió la esmeralda más grande y poderosa de su corona (Sahasrar), al caer en la Tierra sagrada (muladhara y zona sacra), en la que más tarde se talló la copa del Grial (símbolo del corazón, Anahata), que representa a la humanidad doliente que ha perdido el Poder del Verbo Creador. Pero en el hombre, la irradiación magnético-luminosa de la sangre es oscurecida por las secreciones hormonales (emociones) de las glándulas endocrinas inferiores. Y la sangre roja se vuelve negra y vela la Luz. Por eso Lucifer se ha vuelto el símbolo del Ángel Caído. El ser humano debe redimirlo por la secreción de las glándulas endocrinas superiores o emociones elevadas, que segregan el néctar de la Humanidad inmortal.

jueves, 10 de febrero de 2011

Las siete estrellas solares



A través de los chakras, el ser humano se convierte en un transformador de energía que pasa de plano a plano según el desarrollo de nuestros cuerpos etéricos. Cada tradición reconoce un número variable de chacras en el canal central. Los hindúes siete, los jainas nueve, los sufis y budistas cinco, y el tantrismo tibetano llega a reconocer de cuatro a trece distintos, aunque la realidad es que pueden distinguirse hasta veintisiete etapas en Sushuma y que cada persona, dependiendo de la Sadhana elegida, tiene una experiencia irrepetible. Lo importante es sentir en sí mismo os chakras y no el determinarlos teoricamente, sentir el movimiento de cada espiral de fuego despertándose al paso de Kundalini. Por eso no es conveniente provocar una sensación especial en un lugar concreto, ni tiene sentido concentrarse en una zona del cuerpo y trabajar con ella, ya que en el dominio sutil de energías, las sugestiones son el mayor enemigo.

La mayoría de los grandes maestros, cuyo mensaje se ha utilizado para fundar las religiones, no hablaron en ningún momento de Kundalini, ignorándola en toda su enseñanza. Y casi la totalidad de las aventuras espirituales de hoy en día, dejan de lado esta experiencia, ya que cuando un ser ha logrado un alto nivel de purificación y aceptación, la energía atraviesa Sushuma sin provochar ninguna alteración a su paso. En contra de lo que se divulga, los chakras son la expresión de nuestra debilidad, en lugara en que la consciencia ha situado las contradicciones de nuestra cultura, permitiendo que, para no enloquecer, la fuerza se detenga en esta especie de relé de seguridad, para resolver en ellos las tensiones y bloqueos emocionales pendientes. Si no hubiera obstáculos, la energía se elevaría sin ninguna dificultad, paulatinamente hasta alcanzar Sahasrara, sin explosiones parciales y, de hecho, así es como sucede cuando Prannuthana, la ascensión, sucede en un estado de intensa devoción, como el experimentado por los grandes maestros.

Kundalini no es más que la acción de la energía atravesando Sushuma, pero esa energía es distinta a todas las conocidas en el cuerpo humano, ya que es fruto de la fusión de dos polos magnéticos: Ida y Pingala. No hay camino más directo ni más completo que este despertar y, aunque cada uno de los siete planos que integra el ser tiene sus propios procesos, y no siempre es necesario pasar por Kundalini, ésta es siempre la vía más fácil para alcanzar el Atman, el Alma. Otros utilizarán senderos diferentes relacionados con el plano físico o astral, con el amor, con el despertar de Anahata o de Hara...como por ejemplo el Zen, el Taoismo, la enseñanza Sufí, el Karma, el Bhakti o el Jnana Yoga. Según el cuerpo que estéis trabajando, los efectos repercutirán en el inmediatamente anterior, de aquí que con el pranayama se produzcan tantos cambios en el plano físico y con las técnicas de Kundalini se transforme el mental y las facultades astrales.


(Extracto de Tantra, la Alquimia Energética de la Comunidad Arcoiris)

lunes, 20 de diciembre de 2010

Cerrando los agujeros del Cuerpo de Luz (II)



Cuando una persona sufre inesperadamente una iluminación súbita, fruto de un ascenso incontrolado de la fuerza de vida (o diosa Kundalini) que descansa enroscada en la base de la columna vertebral, las cáscaras de luz que envuelven nuestro cuerpo físico pueden resultar permanentemente dañadas, con euforias emocionales tan fuertes que ahogan totalmente al ser en su descontrol afectivo. Y esto puede suceder por haber ingerido una sustancia de poder o por el imprevisto y arrasador despertar de la sexualidad juvenil, por un ayuno incontrolado o por desbordamiento emocional muy intenso...Es como un desgarro profundo que, al no estar debidamente preparados para asumirlo, destroza la estabilidad de nuestra vida y atrae el caos más espantoso. También las recién paridas necesitan cerrarse (con transmisión de energía, con respiraciones conscientes, con mantras y cantos de poder, con barro y agua fría...), y aún más cuando los partos son muy consecutivos, pues la zona cercana al ombligo y la parte alta de la cabeza despilfarran sus fuerzas con si se tratara de vías abiertas de aire en un globo aerostático.

Para mantener la esfera de energía a nuestro alrededor podemos ayudarnos entre otras prácticas del aliento del doble canal, como si fuera el mítico Ourobouros fluyendo por la parte media del cuerpo, ascendiendo por la espalda ( nivel de la voluntad) y descendiendo por la parte frontal (nivel del Amor). Esta necesidad que tenemos de que el Ourobouros circule en nuestro interior, que la serpiente vuelva a morderse la cola, explica la importancia de la Respiración de Integración del Aura, en la que inspiramos (cerrando los esfínteres anales para elevar la energía) haciendo ascender la energía desde el perineo por la médula espinal hasta la frente. Luego retenemos unoas momentos (girando la cabeza o los ojos en contra del rejoj, u observando una estrella de seis puntas en medio de la frente) y expulsamos suavemente el aire mientras descendemos a la zona genital. Sea bajando directamente desde el tercer ojo al centro base o sea pasando a través de la coronilla (bindi) dibujando un ocho hasta la garganta. Así una y otra vez hasta que el flujo energético sea contínuo y comunique la tierra con el cielo,  y el cielo con la tierra.

Tejer de nuevo el delicado velo etérico, roto por cualquier causa a lo largo del pasado, es por tanto uno de los objetivos necesarios para que el conocimiento y la energía puedan volver a fluir libremente y a resplandecer en la noche del sol oscuro, en vez de dilapidarse gratuitamente en tantas tonterías cotidianas. Esta labor de sanación es una verdadera canalización de la presencia divina en nosotros, pues ninguna voluntad humana puede llegar a controlar tan fino ganchillo como el que se necesita par acerrar los agujeros sutiles. Así invocando el poder de dios en acción curativa, manifestando la presencia del Cristo vivo, es posible servir de intermediarios para que la soldadura etérica tenga lugar, y las angustias desaparezcan de la existencia del ser humano.

También pueden realizarse como pequeñas operaciones astrales en las que la parte hundida del tejido luminoso sea arrastrada hasta la envoltura externa del plexo solar, de la garganta, del bajo vientre o de la coronilla, produciendo una especie de cicatrización que permite integrar armoniosamente las energías vitales. La transmisión del aliento, el canto curativo, un temascal intenso (sauna indígena), el enterramiento en tierra arcillosa, los mantras tradicionales, la meditación en hara y las respiraciones conscientes, completan estas prácticas y crean una mejoría permanente para los afectados por esta grave alteración de la rotura etérica.